Myrká 12, mi otro compañero de viaje en Islandia.

La Anécdota

Hace unas semanas tuvimos la oportunidad hacer un viaje por Islandia, un país completamente desconocido para tu servidor y en el que mi señora y yo dimos la vuelta completa a la isla durante 10 días.

Al planear este viaje descubrí que en ese país hay una destilería que destila whisky, Flóki (del cual no te voy a platicar hoy) y que también que existen otras dos marcas: Myrká y Grábrók.

La reseña de hoy se trata del primero, ya que el segundo me lo bebí durante el viaje y no me quedaron muchas ganas de comprar un refill, realmente no me encantó. 

El caso de Myrká es diferente, ya que prácticamente fue mi compañero de viaje… además de mi esposa, claro… ¡Ja, ja!

On the road...

Pero lo interesante aquí, es la relación que puedes generar con una bebida cuando pasas por ciertas circunstancias. En este caso, uno de los gustos que me daba al final de un día de ver cascadas, cañones, géiseres, playas de arena negra, montañas, fiordos, glaciares, etc. era echarme una copita de whisky islandés, o sea, la experiencia completa.

Esos momentos en los que, acompañado por una copa de este whisky y la conversación con mi esposa, resultaron en una experiencia extraordinaria para asimilar todas las maravillas vistas durante el día.

El Whisky

Se trata de una mezcla de whiskies escoceses de malta, que es llevada a Islandia, donde es reducida al 40% ABV con agua de glaciares islandeses.

Por ningún lado he encontrado qué whiskies conforman este blend. En la página de la marca se nos dice que es 100% cebada malteada, tiene una doble destilación y es añejado por 12 años en barricas de roble.

No se indica si no ha sido filtrado en frío ni si se ha añadido colorante. Yo sospecho que sí en ambos casos.

Al no tener el proceso completo en Escocia, no puede llamarse scotch whisky, así que se convierte en un “Icelandic Blended Malt Whisky”.

La botella que le regalé a mi cuñada

La marca presume que obtuvo una puntuación de 90 por parte de la revista Whisky Advocate.

La cata

La reseña de hoy...


Utilicé la copa Glencairn y dejé reposar por alrededor de 12 minutos.

Vista: Color dorado oscuro, con una viscosidad media.

Nariz: Dulce y fresca. Mezcla de notas a miel, nueces, musgo y madera. Tiene su nota a cereal semejante a la avena. Posteriormente aparecen notas frutales semejantes a manzana verde. Aparece una notilla a chocolate con leche y una ligerísima nota a cítricos.

Realmente es muy rico en nariz.

Boca: Se siente “caliente” en boca y con buen cuerpo. Dulce con un ligero toque de amargor. Dulce envinado, frutos secos, ligeramente especiado. Notas a malta y madera y sigue por allí esa ligera nota a chocolate con leche.

Final: Medio. Es dulce con su toque de amargor, nueces, azúcar moreno, ligeramente astringente.

Con unas cinco gotitas de agua…

Nariz: Se vuelve mucho más frutal y fresca. Manzana verde y algo de hierba fresca. También algo de humedad y algunas notas florales. Realmente cambia mucho. La nota a cereal parece ahora más a pan con Nutella.

Boca: Se aligera bastante y pierde chiste. Siguen esas notas a dulce envinado, con algo de malta. Algo de miel y ya.

Final: Se acorta enormemente, aunque es mucho más dulce y se siente la nota a dulce envinado.

Conclusiones

Me arrepiento de no haberme comprado la botella de 700 ml, pero bueno, tengo acceso a una que le regalé a mi cuñada.

Es un buen whisky, pero nada excepcional, que funciona muy bien como trago casual para tomar sin mucho espíritu crítico. Sin embargo, cuando te enfocas en lo que estás tomando, resulta ser toda una experiencia, ya que tiene su complejidad con sabores y aromas característicos.

Bastante recomendable si tienes la oportunidad de hacerte de una botellita.


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