Flóki, Icelandic Birch Finish
La Anécdota
Durante todo mi viaje a Islandia, tomé whiskies islandeses que no eran más que whiskies escoceses rebajados con agua islandesa y embotellados en ese país. Ya con eso calificaban como Icelandic Whisky.
Pero en Islandia también se produce un single malt llamado Flóki, el cual tiene varias expresiones, entre ellas una en la que la cebada es secada con caca de oveja en vez de turba. Realmente no me interesa invertir en un whisky que sepa a caca…
Como todas las expresiones de Flóki son caritas, me esperé al final del viaje y a pedir ayuda al vendedor del duty free de Reikiavik.
Este cuate era todo un personaje. Un tipo de más de dos metros de altura, muy robusto y que parecía sacado de la película “Cómo entrenar a tu dragón”.
Cuando le pedí sugerencias, lo primero que me sugirió fue la originalísima expresión que te mencionaba y le comenté que no me interesar comprar algo que oliera o supiera a caca. Entonces me sugirió la expresión que hoy te voy a reseñar, ya que la otra disponible, terminada en barricas de jerez, era bastante estándar para su gusto.
Vamos, pues, a reseñar esta expresión terminada en barricas de abedul islandés…
El Whisky
Este whisky se produce completamente en Islandia, utilizando 100% cebada local, destilado en la destilería de Eimverk, ubicada al sur de Reikiavik y madurado durante tres años en barricas de roble americano y terminado en barricas de abedul islandés.
Este terminado lo hace único, ya que no conozco otra marca, de ninguna parte, que lo haga en madera diferente al roble.
Viene presentado en botella de 700 ml, con un volumen de alcohol del 47%, sin filtrado en frío y sin colorante añadido. La caja en la que viene empacado se ve corriente para lo que cuesta (unos $ 2,000MXN, unos $ 100 USD), pero le salva el bonito logo de la destilería.
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| Sin filtrado en frío y sin colorante añadido |
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| Algo de exclusividad... |
Para darle un toquecito de exclusividad, en la etiqueta trasera se indica la barrica, el número de botella, el año de embotellado la firma del destilador. En la etiqueta delantera se refuerza la cuestión de que te estás tomando un single barrel.
Hasta ahora, el tipo de destilación, madurado y terminado es bastante consistente con los whiskies escoceses, pero es ese terminado en abedul el que llama la atención… veamos.
La Cata
Utilicé la copa Glencairn y se dejó reposar por poco más de 10 minutos.
Vista: Color oro amarillo y se aprecia aceitoso, con una muy buena viscosidad.
Nariz: Es de esos whiskies que te aromatizan la habitación nomás lo sirves, un aroma peculiar de entrada, por cierto. Es perfumado y herbal al mismo tiempo, con una importante nota a cereal que no identifico, después de un rato, y con algo de esfuerzo, llegan a aparecer las características notas a cebada de los whiskies jóvenes. Notas de miel y especias. Algo de té de manzanilla y azúcar moreno.
Boca: Dulce, con una mezcla de notas herbales y a miel. Muy astringente y especiado. La nota a cereal está presente, pero se me asemeja a la que he encontrado en algunos whiskies oaxaqueños, tal vez por la juventud del destilado.
Final: Largo, astringente, dulzón, muy herbal.
Pongámosle un chorrito de agua…
Nariz: Pepino, perfumado, naranjas amargas, herbal, ligeras notas a madera verde y la nota a cereal ahora se acerca más a lo común que se encuentra en un whisky. Miel y azúcar moreno.
Boca: Miel, herbal y madera joven. La astringencia y especiado se reducen de manera importante y se vuelve más accesible. Algunas notas a vegetal fresco.
Final: Largo, astringente, agridulce y ahora aparecen las notas a té de manzanilla.
Después de un rato, el retrogusto resulta agradable.
Conclusiones
Es un whisky sumamente retador, que te desubica completamente al no ofrecer las típicas notas del whisky, independientemente del terminado que haya tenido. No se parece a ningún escocés, irlandés o japonés que haya tomado, tampoco a ningún bourbon. Es un animal único en su clase.
Por lo anterior, ha sido un placer catarlo y dedicarle tiempo, bueno, seguramente le dedicaré aún más tiempo buscando encontrar más notas por ahí.
Con todo, no es un whisky para tomar a diario, vaya, no es un whisky que digas “ahora me voy a tomar una copita”. Su perfil de aromas y sabor son muy particulares. Probablemente, con el tiempo, resulte un gusto adquirido.
En todo caso, es un objeto de conversación con amigos que estén dispuestos a probar algo nuevo y tengan mente abierta, además que la botella va a vestir mucho tu cantina, con esa distintiva etiqueta verde y su botella.
Ahora bien, encontré que maridaba muy bien con un dip de alcachofa… como otra nota curiosa.
Si llego a tener la oportunidad de hacerme de otra expresión de esta marca, será la terminada en barrica de jerez, que, según me comentaron, es más cercana a la que todo el mundo está acostumbrado… ¡Ja, ja, ja!



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